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Mientras Agurtzane Ugartemendia se introducía en las entrañas de la Torca del Carlista convirtiéndose en la primera mujer de Karrantza en pisar el interior de la sima, tres jóvenes del mismo valle ini
El 19 de septiembre de 2009, mientras los carranzanos dormitaban los excesos de la fiesta patronal del valle celebrada la víspera, la joven Agurtzane Ugartemendia se disponía a cumplir una de sus mayores ilusiones: explorar la Torca del Carlista, la sala subterránea más grande de Europa y la tercera más grande del mundo, con 500 metros de longitud, por 230 de ancho y 125 de alto. Agurtzane, con conocimientos avanzados en espeleología, integró una expedición liderada por miembros del grupo Burnia de Barakaldo en la que también participó Andeka Escobar, de tan solo 16 años. Ese día ambos se convirtieron en la primera mujer y el chico más joven -dentro de Karrantza- en pisar el interior de la cavidad. Hasta la fecha, la pareja de espeleólogos carranzanos había tanteado cavidades en Sierra Salvada, el encinar de Sopeña o Matienzo, “pero esos retos se nos quedaban pequeños y nos atraía especialmente el mito que representa el Carlista”, dice Agurtzane, que se inició en este deporte de la mano de su compañero Pedro y luego realizó cursos de perfeccionamiento, instalador y técnicas de rescate en Ramales. Cargada con 18 kilos de material necesario para la aventura, la joven salvó sin dificultades la brusca pendiente en apenas 20 minutos y disfrutó de la espectacularidad que ofrece el agujero, capaz de albergar una catedral.
El ascenso, sin embargo, se presentó más difícil. “Exige mucho esfuerzo físico”, asevera Agurtzane, que empleó 45 minutos en salir al exterior. “Es un deporte de riesgo - añade- por eso es fundamental la preparación, y la orientación profesional, pero no por ello está privado a las mujeres, ni este ni ningún otro deporte”, sentencia.


Dos volcanes y una cumbre


1 de enero de 2010. Arranca un nuevo año y un nuevo desafío para Javi, “Pitu” y Paco, tres jóvenes carranzanos que en ese momento se encuentran en la cordillera de los Andes porque acaban de descender del Ojos del Salado, el volcán más alto del mundo.
Previamente han sufrido una semana de aclimatación y ascensos a cumbres colindantes de más de 4.000 metros de altitud. Sin embargo, todo su empeño y esfuerzo en subir al Ojos del Salado quedan eclipsados por los problemas de salud que les dejan a tan solo 500 metros de la cumbre.
Los tres mendizales no se dan por vencidos y sobre el escenario se proponen un nuevo reto: el Pissis, el segundo volcán más alto del mundo, ubicado sobre suelo argentino.
En esta ocasión lo consiguen. Para ello soportan cuatro días de dura ascensión, complicada aún más si cabe por el fuerte viento que arrecia en la zona y temperaturas de hasta -10ºC. Tras el sufrimiento, el 5 de enero consiguen tocar el cielo subidos a la cima del Pissis. Como buenos compañeros, Javi, “Pitu” y Paco se abrazan, se autorretratan y ondean la ikurriña al viento.
Fuente: Salgai