Los primeros vestigios de la presencia humana en Karrantza corresponden a instrumentos líticos de aspecto musteroide pertenecientes a la fase final del Paleolítico Medio, unos 35000 años A.C. El santuario prehistórico de Venta Laperra, el más antiguo de toda Euskal Herria, ofrece una interesante muestra de arte parietal, con representaciones de varias figuras que los hombres prehistóricos grabaron durante el Paleolítico Superior, entre 26000 y 20000 años antes del presente.
Miles de años después, comunidades de cazadores y recolectas pertenecientes a la cultura pastoril del Neolítico y le Edad del Bronce, manifestaron sus expresiones funerarias en los cordales montañosos que circundan el Valle, erigiendo multitud de túmulos y dólmenes, como los de la Cabaña, La Galupa I, etc., concentrándose en esta parte del territorio vizcaíno el mayor número de monumentos megalíticos. En esa época también los enterramientos se llevaron a cabo en el interior de las cuevas; existen manifestaciones sepulcrales localizadas en las de Aldeacueva, El Polvorín, La Kubía y Los Judíos.
La tradición oral atribuye la presencia de los romanos en las tierras del valle para explotar yacimientos de galena en las laderas de la sierra de Ubal. Las excavaciones efectuadas años atrás en la cueva de los judíos (Sangrices) sacaron a la luz cerámica romana y más recientemente restos de varias lucernas, material cerámico utilizado para la iluminación en los trabajos de minería. Sin embargo, los restos más significativos relacionados con la posible penetración del Imperio Romano en estos lugares corresponden al hallazgo en el año 1903 de un lote de 103 monedas romanas, datadas entre los años 238 y 260 D.C., localizado en la cueva La Zorra en Tocornal (Soscaño).
En el siglo VIII aparecen las primeras referencias documentales sobre Karrantza. Época en la que el rey Alfonso I de Asturias (739-757) lleva a cabo repoblaciones cristianas en varias zonas de la Cornisa Cantábrica y el Sistema Central, que serán mencionadas un siglo después en la Crónica de Alfonso III.
A partir de esta época se consolidará el doblamiento de las tierras del Valle, apareciendo las primeras iglesias, barrios y los primitivos concejos (Ahedo, Ibáñez, San Esteban, Sierra y Soscaño) de cuyas juntas emanaba el gobierno de la republica de Karrantza.

El Valle de Karrantza fue agregado a Bizkaia en el siglo XII bajo el mandato de Diego López de Haro. Históricamente forma parte de las Encartaciones, territorio incorporado al Señorío de Bizkaia en el siglo XIII. Conservó durante siglos sus propias instituciones, residiendo su gobierno en la Junta de Abellaneda de acuerdo a su fuero de usos y costumbres, escriturado en el año 1394. Tierras vinculadas definitivamente al Señorío en los albores del siglo XVIII.
En el siglo XV Karrantza sufrió las vicisitudes del medio hostil impuesto por las luchas de las guerras de banderizos. Enfrentamientos bélicos que dejaron una profunda huella, dividiendo el Valle en dos bandos, los Giles y los Negretes. Puesto fin a estas contiendas, a partir de la Concordia de Felipe II y hasta el primer tercio del siglo XIX, para el gobierno del Valle de Karrantza se elegían dos alcaldes, uno por cada bando.

Numerosos fueron los hijos ilustres de Karrantza entre los siglos XVI y XVII, destacando de entre ellos D. Diego de Ahedo, Arzobispo de Palermo y Virrey de Sicilia, quien mandó levantar el Colegio de Gramáticas de Ahedo, y su sobrino Fray Diego de Ahedo, Abad de Frómista, considerado el primer panegirista de Cervantes. Este último, con los datos que su tío recopiló obtenidos de los cautivos liberados en Argel, publicó en el año 1610 el libro “Topografía e historia general de Argel”, donde se narra fielmente las vicisitudes sufridas por el autor del Quijote durante su cautiverio.
La economía del Valle ha dependido durante siglos de la agricultura, que junto con la ganadería, ha constituido la principal fuente productiva del caserío. A finales del siglo XVI se introdujo el maíz, produciéndose en sus tierras el mejor y el de más libras de Bizkaia, tal como describieron Iturriza y Delmas en los siglos XVIII y XIX, respectivamente.

Sin embargo, el bajo rendimiento de los cultivos y la escasa presencia de la industria, dominada principalmente hasta finales del siglo XIX por ferrerías y molinos, pequeños centros artesanales que aprovechaban la fuerza hidráulica de las aguas de los ríos, hacía difícil la subsistencia, impulsando a la emigración a muchos carranzanos, que alcanzó sus cotas más elevadas a partir de la segunda mitad del siglo XIX. La fundación creada a expensas de D. Miguel Sáinz Indo, vigente entre los años 1887 y 1958, permitiría la emigración de veinte jóvenes al año hacia Madrid o diferentes países de América (Cuba, México, Puerto Rico,etc.), entregándoles a cada uno de ellos una maleta con ropa y calzado, así como el billete para el lugar elegido, donde se les hacía entrega de 500 reales para hacer frente a sus primeros gastos.
La aparición del ferrocarril a finales del siglo XIX, propiciado por el pago de una considerable cantidad de dinero del acaudalado indiano D. Romualdo Chavarri, conllevaría décadas después a un cambio radical del tradicional tejido económico de Karrantza. A lo largo del primer tercio del siglo XX se inicia una progresiva especialización hacia la producción de leche con la introducción de la vaca frisona. A partir de entonces, la ganadería pasará a ser la principal actividad sobre la que sustenta la base económica del municipio, sector primario que en la actualidad cada vez ofrece ocupación a menos carranzanos.
Barrio de Concha 1 · 48891 KARRANTZA HARANA · Tfn: 94 680 60 12 · Fax:94 610 67 63 · udala@karrantza.org · Aviso legal · XHTML CSS A-A